24/09/05
Autorretrato
Así soy yo.
Bastante vieja, y sin embargo joven.
Bastante torpe, y sin embargo sabia.
Virginiana, del signo de la tierra,
Sensata y razonable.
A pesar de eso, no admiro empresa humana
que no tenga esa pizca de locura
que eleva al creador y lo hermana
con los eternos dioses implacables.
Discreta, prudente, muy amable;
pero feroz al arrancar de cuajo
un afecto mil veces traicionado.
Y decretar la muerte en vida
del ofensor que me ha agraviado.
Bastante leal a mis ideales,
y sin embargo abierta y tolerante.
Flexible, compresiva, amplia,
de fácil relación y buen talante.
Con gran sentido del humor, me jacto
de ser la primera en reirme de mi misma,
aunque a veces esa risa sea,
la risa sangrienta del Quijote.
Muy amiga de mis amigos;
consecuente, la amistad cultivo,
y me esfuerzo día a día
para que ese preciado tesoro
no se agote.
Amante de los libros y museos,
el arte me atrae y apasiona.
Sin embargo, reniego de los intelectuales,
del protocolo, la retórica, la pedantería,
que he encontrado en esos falsos seres
que se olvidan del mundo real,
del humilde vecino, de lo cotidiano,
del precio del pan y del sabor del vino.
Sedienta de horizontes nuevos
no se me aquieta jamás mi afán viajero;
y sin embargo es bienvenida la rutina
y el doméstico arraigo es placentero.
Mujer de hoy, moderna, actualizada,
me identifico con el ayer remoto,
y son mis heroínas Andrómaca y Penélope,
Antígona y Beatriz, a quienes siempre evoco.
Así soy yo; y a definir no alcanzo
la variedad que es propia de todo ser humano,
que un día nos revuelca en este barro
infecto, y al otro nos levanta e ilumina.
Así soy yo, y aprendo duramente
el arte de vivir, el arte soberano,
bastante vieja ya, y sin embargo joven.
Agosto de 1997
17:44 Anotado en Poemas 1900 | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: Poesía
Descreo
Descreo de amigos en la fiesta
donde el alcohol
transforma la franqueza.
Descreo del inútil protocolo
que complica
y etiqueta la realeza.
Descreo del prejuicio de los tontos
que se empinan
sobre cáscaras vacías.
Descreo de la sangre azul y la chequera
de las rejas,
los seguros.
Descreo de la fama y el cetro poderoso
la belleza,
el status,
los placeres,
pues hace tiempo me advirtió Manrique
que no son más que bienes mentirosos.
17:39 Anotado en Poemas | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: Poesía
Mi abuela lavandera
Del fondo de mi lejana infancia me invade gratamente el limpio olor a jabón que emergía del Lavadero Municipal, situado en la Ensenada. Lo aspiro gozosamente y percibo que se derrama por todo el barrio, sube la cuesta de calle Brasil, baja al río y se dilata entre los eucaliptus del parque Liebig. Cruzando el traqueteado puente sonoro sobre el arroyo Laureles, ya se hace sentir.
La abuela Celestina vivía muy cerquita y para la niña que yo era se convertía en fiesta de sensaciones bajar a su lado al Lavadero, a la sombra del gran atado blanco que se bamboleaba en su cabeza. Antes de entrar, ya oíamos el rítmico golpeteo de las prendas contra las tablas acanaladas de madera, en los piletones, entreverado con trozos de conversaciones y risas entrecortadas.
Adentro era el triunfo del agua, que corría sin frenos entre nuestros pies. Afuera, en los tendederos triangulares, era el triunfo del sol, que redimía aquella ropa blanquísima exhibiéndola con orgullo en fragantes banderas, estandartes inmaculados de la pulcritud.
17:35 Anotado en Escritos | Permalink | Comentarios (4) | Email esto


